Virginia Woolf’s Suicide Letter and Its Cruel Misinterpretation in the Media

La hermosa carta de suicidio de Virginia Woolf fue, también, su última carta de amor.

You have given me the greatest possible happiness. You have been in every way all that anyone could be.

vía March 28, 1941: Virginia Woolf’s Suicide Letter and Its Cruel Misinterpretation in the Media | Brain Pickings.

El articulo es interesante porque cuenta la reacción de la prensa ante la misiva de la autora. Sus palabras se cambiaron y fue juzgada por un público al que le resultó difícil mostrar empatía después de leer las palabras manipuladas.

Los medios, y las personas, han cambiado muy poco. De hecho la situación hoy hubiera tenido una dimensión mucho mayor. Tal vez Virginia hubiera dejado un blog post, o hubiera escrito su nota en el Facebook wall de su esposo. O tal vez Leonard hubiera compartido las últimas palabras de su esposa con sus followers. El resultado hubiera sido el mismo que hace décadas, pero las críticas y la cobertura serían masivas, globales. Los medios iban a manipular y los lectores iban a juzgar guiados por historias incompletas y sin el menor conocimiento de la los motivos reales, de la intimidad, de Virginia. Hubieran sido trending topic en todas las redes. Y muchos creerían tener todos los detalles del drama al leer la compilación que alguien hizo en Storify.

Síndrome de abstinencia 2.0

Searching… searching… no service. ¿Y todos estos iconos para que son? Altitud y Longitud sin mapas… Ese plato esta bueno para twitpic… ¿Cómo veo los reviews de Yelp y Trip Advisor? Ese edificio esta bueno para Instagram. Nadie me sigue… o tal vez si, pero no es de eso que hablo. Estoy totalmente solo en una isla, nadie sabe que estoy aqui. Este teléfono no tiene absolutamente ningún sentido. ¿Y que hacen esa gente con una Blackberry…? ¿Que estará pasando en Twitter? ¡Qué cielo más azul, que sol más brillante… que alguien apague la luz por favor! Estoy hablando en serio. Dije “Twitter” y me están mirando raro… piensan que soy un raro… no dicen una palabra pero no entienden nada de lo que estoy hablando… Mejor no digo nada… si me pongo a hablar de otra cosa tal vez pase desapercibido.

Soy un ignorante, todo lo que sabía lo sacaba de Google.

Searching… searching… no service. ¿¿43kbps?? Is this real life??

En realidad no importa mucho, todo eso de güebs y cosos de esos… lo que importa es la gente, la vida… ni el tiempo importa. Cielo azul, verde mar y sol… Y ahora las nubes… las nubes… debería hacer una foto, aunque nadie la viera… una foto solo para mi.

Searching… searching… AT&T / 3G

472 emails sin leer… Ya estoy cansado. Necesito unas vacaciones.

Dando tumbos

Caminábamos apurados, aquel amigo y yo, teníamos cosas que hacer; cosas de gente seria. Pero entonces prácticamente tropecé con él. Un hombre borracho caído en el suelo… la cabeza le sangraba un poco, solo un rasguño. “¿Estás bien compadre?” le pregunté agachándome. Mi amigo hizo un gesto de contrariedad. “A ver vamos a ayudarte, a ver… oye, ayúdame y agarralo por el otro brazo, dale”, le dije (¿ordené?) a mi amigo. Me hizo caso de la mala gana y lo arrastramos a un banco cercano, el hombre olía a alcohol y a orina. “¿Donde tu vives?” No pude entender nada de lo que dijo… solo “mi hermano… mi socio” o algo así. “Vámonos, esto no tiene remedio”, dijo mi amigo. “Oye, fíjate quédate aquí sentado… no te pongas a caminar que ya te caíste… te puedes matar.” le advertí antes de irme.

“No podía dejarlo ahí tirado…” dije como disculpándome caminando Vento arriba… Mi amigo me hizo una seña y yo volteé. El borracho había echado a andar, iba dando tumbos, chocando con árboles y piedras, gritaba más que cantar una antigüa marcha proletaria. Bajé la cabeza y me sacudí las manos. Seguimos rumbo a nuestras cosas serias. Olíamos a alcohol y orina.

Sin mapas

La primera vez que Arielito salió de Miami a una ciudad más al norte nos anunció a todos en el auto que “ahora si habíamos llegado a los Estados Unidos”. Nos dimos cuenta que para él, y tal vez para nosotros también, Miami estaba en un limbo geográfico, a medio camino entre Cuba y todo lo demás. Éramos emigrantes a medias con planos y fronteras difusas, recuerdos de color verde mar y rumbo al norte, sólo por tres días…

Hechos reales.

Primero está la vida. Con sus altas y sus bajas, sus pestes y sus olores, sus virtudes y defectos, codicia, amor, bondad, paradojas subjetivas, desgracias, aburrimiento… en fin, la vida.

Después está el escritor. Con hambre, cansancio, con y sin musas, intereses, amores y desamores, días buenos y días malos… en fin el escritor.

Después está el editor. Con metas, ambiciones, un salario, un equipo, un jefe, criterios, reglas, ortografía, gramática, estilo.

Después está la casa editorial y su necesidad de un producto.

Después viene el productor, el guionista, el director, los actores, los efectos especiales, la publicidad, el estudio de cine… en fin Hollywood.

Y al final, muy al final… estamos nosotros llorando frente a la pantalla y atónitos con una historia tan completamente asombrosa que está basada en hechos reales.

Un pedacito de mar…

Hoy fui a almorzar al Fresh Market. Un lugar lleno de comida “sana” y gente pija. Me sentía tan relajado cuando salí (es el efecto normal de la combinación: comida organica + gente pija) que decidí irme a almorzar a un parque. Un parque limpio, lleno de verde y sombra con ardillas incluidas. Después fui a ver el mar, una necesidad que descubrí que tengo desde que no puedo ver el mar desde el techo de mi casa…

Estaba sentado en el banco disfrutando mi pedacito de mar cuando se acercó caminando un matrimonio de esos que rondan los 60 pero se tratan como si tuvieran 18. Tomados de la mano se acercaron aún más al mar. Se pararon en las rocas y miraron. Uno apoyado en el otro. Eran latinos, caribeños tal vez… Ella, con la mano sobre los ojos, buscaba algo en el horizonte, algo que no se podía ver con los ojos y que nunca encontró. Estuvieron 2 minutos… sin hablar apenas y después le dieron la espalda al mar recorriendo el camino de vuelta. Ella iba tarareando, bien bajito, un bolero.

PD: Marian perdóname por robarte el título…

“Necesidades”

Se calcula que hace un siglo el hombre promedio tenía 72 deseos, 16 de los cuales se consideraban necesidades. Hoy se calcula que el hombre promedio tiene 474 deseos, 94 de los cuales consideran necesidades.

Un periodista, año 1956

Supongo que ahora no se hacen declaraciones como esas. Ahora cada vez hacemos menos y “necesitamos” más.